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12 de mayo de 2025 Pablo Gonzalez Reyes

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Tres joyas de piedra volcánica entre valles y pastos verdes

El Cantal es tierra de pastos, queserías y pueblos de piedra oscura que parecen sacados de un cuento. Salers impresiona con sus casas renacentistas y su famosa raza bovina, mientras que Blesle conserva un conjunto monástico y calles empedradas que invitan a perderse. Marcolès, por su parte, es uno de los pueblos más bonitos de Francia, con sus plazas porticadas y talleres de artesanos.

Este artículo propone un itinerario circular de tres días, con paradas en mercados locales y sugerencias de alojamientos rurales con encanto. La ruta comienza en Salers, donde conviene madrugar para recorrer la Grand-Place antes de que lleguen los autobuses de excursión. Las fachadas de piedra basáltica, los tejados de pizarra y las torres con matacanes justifican la fama del pueblo, pero lo mejor está en los alrededores: el valle del Maronne y el Puy Violent, visibles desde el mirador del castillo.

La segunda etapa lleva a Blesle, a poco más de una hora por carreteras serpenteantes. Aquí el ritmo cambia por completo. El priorato benedictino del siglo IX, el campanario románico y las callejas que bajan hacia el río Alagnon conforman un conjunto patrimonial que se recorre en una mañana tranquila. Conviene reservar la tarde para visitar la quesería del pueblo, donde todavía se elabora el Blesle, un queso de pasta blanda con denominación de origen protegida.

Marcolès cierra el circuito. Este pueblo circular, construido alrededor de una abadía del siglo XII, sorprende por sus plazas porticadas y sus talleres de cerámica y cuero. Los martes por la mañana se celebra un mercado de productores que reúne a granjeros de los alrededores: quesos, embutidos, miel de montaña y licores de genciana. Para alojarse, las opciones van desde casas rurales en el casco histórico hasta granjas que ofrecen habitaciones con desayuno y vistas a los pastos.

El itinerario funciona bien en cualquier época del año, aunque la primavera y el otoño son las mejores estaciones para caminar sin aglomeraciones. Las carreteras del Cantal son estrechas y con pendientes pronunciadas, así que conviene conducir con calma y aprovechar los miradores señalizados. Si dispones de un día extra, la cercana localidad de Murat y el valle de la Jordanne merecen una visita, especialmente al atardecer, cuando la luz tiñe de dorado las montañas volcánicas.

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